Reflexión Día del Trabajo


Estimadas familias:


Estamos conmemorando esta primera semana de mayo a todos los trabajadores y trabajadoras del mundo. Una interesante reflexión plantea en este aspecto el Método Montessori de educación, en relación al trabajo de los niños y de los adultos, y cómo estos trabajos tienen una naturaleza diferente, y también propósitos formativos distintos.

En lo que María Montessori plantea como “visión cósmica”, que podemos resumir brevemente como una singular capacidad de los seres humanos de observar y comprender en profundidad el maravilloso universo que nos rodea, con un sentido de gratitud y admiración ante todo lo creado, se establecen las bases del pensamiento montessoriano respecto del rol de la Humanidad sobre la Tierra y sus responsabilidades como especie. Estas responsabilidades se vinculan con aquellos trabajos que todos, sin excepción, debemos cumplir para construir un mundo mejor, más justo y armonioso.

Cuando llegaron los primeros seres humanos al planeta (como el primer agente espiritual) y sus tareas cósmicas comenzaron, María Montessori distingue claramente entre el adulto y el niño. Y puesto que sus desafíos son muy diferentes, también sus trabajos son de naturaleza bien distinta. El gran trabajo de los niños y niñas en el planeta es construir por sí mismo(a) al ser humano autónomo, construir un ser pacífico, armónico, que se adapta al mundo y al ambiente en el cual vive. La más trascendente responsabilidad de esta auto-construcción se sitúa en los primeros años de vida, y estos trabajos serán decisivos para toda la existencia futura.

Si pensamos bien, este es un gigantesco trabajo de construcción física, mental, emocional y espiritual que, a simple vista, está más allá de las incipientes capacidades de un bebé. Sin embargo, esta tarea de autoformación es posible gracias a un inmenso poder que María Montessori llamó “Mente absorbente”. Con ella a disposición, todos los niños del mundo tienen una fuente de energía increíble: usando sus manos (el regalo más maravilloso que puede tener un trabajador) el niño explora su mundo, desarrolla sus poderes y capacidades mentales, y se construye a sí mismo para llegar finalmente, a formar una persona adulta. Todos y cada uno de nosotros somos, finalmente, aquello que construimos en nuestra infancia.

Pero este trabajo no lo realiza en solitario: el niño necesita de otros, de los adultos, para lograr construirse a sí mismo. Es la dimensión del trabajo asociado con otros, para otros y cuyos frutos puedan ser compartidos, aquello que otorga sentido ontológico de propósito y misión de la Humanidad. Ahora, ¿cuál es el trabajo cósmico de los adultos? Para María Montessori, nuestro trabajo consiste en contribuir y mantener el desarrollo de la vida en la Tierra, y también crear, inventar, modificar y transformar su ambiente, construyendo un nuevo mundo que siempre es novedoso, “una supranaturaleza, un ambiente civilizado”, el cual se proyecta más allá de los patrones de la Naturaleza primordial. En otras palabras, los adultos construimos Civilización, la cual está en constante evolución e involucra continuas modificaciones y enriquecimientos de su “terreno espiritual”.

Finalmente, ambos trabajos mancomunados, el de los niños y el de los adultos, darán origen a una nueva civilización, o en palabras de María Montessori, a un “Nuevo Mundo”: uno que privilegie el valor de la vida por sobre todas las cosas y que construya las bases para una sociedad pacífica, respetuosa de todas las formas de expresión, en armonía y evolucionando constantemente hacia su propia autoperfección.




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